Praga y Viena, un clásico entre los clásicos

Seguramente muchos de vosotros ya lo hayáis hecho. Es, sin duda, una visita obligada para todos los amantes de los viajes. Yo he tardado más de lo que me hubiera gustado en hacerlo pero por fin lo he hecho realidad. ¿Nos os pasa que muchas veces dejáis para otro momento los destinos que están más cerca pensando que tendréis más oportunidades de visitarlos y al final nunca llega ese momento?


Pues eso es lo que me ha pasado a mí con Praga y Viena. Fue en la pasada Semana Santa cuando finalmente lo hice. Mi novia tomó la iniciativa y, como en otras ocasiones, se puso en contacto con IEST Viajes para organizarlo.

Cuando realizamos viajes de pocos días siempre confiamos en esta agencia porque saben concentrar la imprescindible para no perdernos nada de lo esencial pero sin que vayamos con agobios y prisas de un lado para otro.

Aterrizamos en Praga. Sobra mencionar lo bellísima que es esta ciudad y el valioso patrimonio histórico que alberga. No hace falta viajar a ella para saberlo. Pero sí para apreciarla de cerca. Ese encanto medieval que se respira en cada rincón te hacen transportarte a otra época. Son cita obligada la Plaza de la República, la Plaza de Wenceslao o la Praga artística. Pero la capital de la República Checa esconde muchos más tesoros por descubrir. Y no sólo atrapa por su riqueza monumental. También ese ambiente tan típico que encontramos en sus calles, restaurantes o tabernas.

Nos gustaría haber pasado más tiempo en esta bella ciudad, pero también he de decir que tres días de pateo dieron para mucho y, sobre todo, nos permitieron disfrutar al máximo.

Después pusimos rumbo a Austria en autobús para llegar hasta Viena. Nos encantó la entrada a esta ciudad de noche y apreciar la magia que tiene iluminada. Parecía una ciudad de cuento. A la llegada, disfrutamos de una agradable cena de comida típica.

Los siguientes tres días recorrimos la parte más artística de la ciudad, con parada obligadísima a la famosísima ópera y otros muchos atractivos que nos ofrece esta vieja ciudad europea. Además de las citas más culturales, tuvimos tiempo para perdernos por los famosos bosques de Viena, una visita muy muy recomendable. También teníamos programadas excursiones a las localidades de Baden y Grinzing.

Visitamos lo justo para volver con un buenísimo saber de boca de nuestro viaje pero a la vez para quedarnos con ganas de volver y seguir disfrutando de dos ciudades majestuosas de la vieja Europa.